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Por qué la regulación emocional es una condición necesaria para aprender (y cómo lograrla)

Regular primero, estudiar después. Un cerebro emocionalmente desregulado aprende peor. Qué significa "regulado". Cómo llegamos ahí.

Por qué la regulación emocional es una condición necesaria para aprender (y cómo lograrla)

Lo vemos con total claridad en un niño: Si está desbordado de angustia, de enojo, de miedo, no le pedimos que se siente a estudiar. Como adultos, hemos aprendido a ponernos la máscara de “estoy bien” aunque por dentro estemos transitando esas emociones, por ejemplo. Pero en la adultez tampoco da igual en qué estado nos sentamos a estudiar. Durante años, el estudio fue presentado como un acto puramente cognitivo: atención, memoria, comprensión. Sin embargo, la evidencia en neurociencia y psicología cognitiva es clara: no existe aprendizaje eficaz sin regulación emocional previa.

Esto es especialmente visible en estudiantes que cuidan a otros —madres, cuidadores, personas con alta carga emocional—, pero no es un problema exclusivo de ellos. Es una condición humana general: un cerebro emocionalmente desregulado aprende peor.



1. Cognición y emoción: en realidad, no hay separación

Desde la neurociencia contemporánea, la idea de que emoción y cognición son sistemas independientes está obsoleta.

Antonio Damasio demostró que las emociones no interfieren con el pensamiento racional, sino que lo hacen posible. Sus estudios con pacientes con lesiones en corteza prefrontal mostraron que, aun conservando habilidades intelectuales intactas, la incapacidad para procesar emociones deterioraba gravemente la toma de decisiones (Damasio, 1994).

No se trata de “apagar” la emoción, sino de regularla.


2. Estrés, cortisol y funciones ejecutivas

Cuando una persona estudia bajo estrés sostenido, se activa el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal, aumentando los niveles de cortisol.
Esto tiene consecuencias directas:

  • Inhibición de la corteza prefrontal (atención, planificación, control inhibitorio)

  • Alteración del funcionamiento del hipocampo (memoria declarativa y consolidación)

McEwen (1998, 2007) mostró que el estrés crónico no sólo afecta el rendimiento, sino que modifica la arquitectura funcional de los sistemas implicados en el aprendizaje. Es decir que no se trata de la dificultad de este momento solamente, sino también de cómo se va construyendo un sistema deteriorado por el estrés crónico. 

A su vez, la famosa ley de Yerkes–Dodson ya advertía que existe un nivel óptimo de activación emocional para aprender; tanto el estrés excesivo como la apatía deterioran el desempeño (Yerkes & Dodson, 1908). O sea, para estudiar hay que encontrar un punto medio: ni tan relajados, ni tan tensos. Se trata de una atención estimulada por una alerta moderada pero que no active los mecanismos de huida. 


3. Carga emocional y carga cognitiva

La Teoría de la Carga Cognitiva (Sweller, 1988) explica que la memoria de trabajo es limitada. Lo que suele omitirse es que la carga emocional consume parte de esa capacidad.

Preocupación, culpa, rumiación mental o urgencia emocional ocupan recursos cognitivos, reduciendo la energía disponible para comprender, integrar y recuperar información.

Para estudiantes que cuidan a otros, esto es cotidiano:

  • Interrupciones constantes

  • Responsabilidad afectiva

  • Estado de alerta permanente

Pero el mecanismo es el mismo en cualquier estudiante bajo presión.


4. Regulación emocional: qué es (y qué no)

Regular emociones no es suprimirlas ni “pensar en positivo”. Desde la psicología basada en evidencia, regular implica:

  • Reconocer el estado emocional

  • Modificar su intensidad o duración

  • Evitar que interfiera con una tarea relevante

James Gross (1998, 2015) distingue estrategias adaptativas (como la reevaluación cognitiva) de estrategias desadaptativas (como la supresión emocional), mostrando que no todas las formas de control emocional mejoran el rendimiento cognitivo. No se trata de “aguantarse” o “sigo como sea”, sino de intervenir a tiempo para proteger la capacidad cognitiva. 


5. ¿Qué pasa en educación superior?

Estudios en educación superior muestran que la autorregulación emocional predice:

  • Persistencia académica

  • Uso de estrategias profundas de aprendizaje

  • Menor abandono

Pekrun et al. (2002, 2011) demostraron que emociones como ansiedad, culpa o vergüenza académica afectan negativamente la motivación y el rendimiento, mientras que emociones reguladas favorecen la implicación cognitiva. Y esto es crucial para estudiantes que son responsables del cuidado de otros. Muchas veces sienten culpa por estudiar, pensando que descuidan a sus personas a cargo. O sienten vergüenza porque su desempeño académico no es el mismo que antes. Ante la pregunta “¿dejo la materia?”, siempre respondo: Para eso hay tiempo. Primero hay que desentrañar desde qué emoción estás tomando la decisión ¿Es un estado emocional desde el que sea favorable decidir? La culpa, la vergüenza, la frustración…nunca lo son.


6. ¿Cómo bajo esto a la práctica?: regular antes de estudiar

1. No empieces por el contenido

Empezá por el estado interno.

Antes de estudiar, preguntate:

  • ¿Estoy acelerada, agotada, ansiosa?

  • ¿Qué emoción domina ahora mismo?

Nombrar la emoción ya reduce su impacto (Lieberman et al., 2007). Crear un pequeño ritual de regulación previo a la sesión de estudio nos da la posibilidad de “entrar por los sentidos” para crear un espacio de regulación. Esto, por supuesto, varía según cada persona, pero siempre es importante detectar qué elementos (un aroma, un tipo de luz, una imagen, una música) nos permiten conectar con nuestro estado emocional, nombrarlo y “bajarle el volumen”. 


2. Micro-regulación

No necesitás “estar perfecta” para estudiar, solo lo suficientemente regulada.

Algunas estrategias con respaldo empírico:

  • Respiración lenta (estimula el nervio vago)

  • Escritura expresiva breve (Pennebaker)

  • Reencuadre cognitivo: “no necesito hacerlo todo, necesito empezar”
    En mi experiencia como mamá de 4 que siempre estudió y trabajó, este elemento es clave. Mi objetivo es “avanzar” en bloques de tiempo que a veces son predecibles (una hora de entrenamiento de mi hija) y a veces no (una siesta de mi bebé que no sé cuánto durará). 


3. Ajustá la expectativa cognitiva

Cuando la carga emocional es alta:

  • Estudiá menos tiempo

  • Usá tareas de baja demanda (repaso, recuperación activa breve)

  • Evitá tareas nuevas o muy complejas

Esto no es rendirse, es trabajar con el cerebro, no contra él. Y recompensarse al final de cada tarea, aunque no haya sido de alta demanda, es igual de fundamental. Celebrarse eso que sí pudimos hacer, para que nuestro sistema nervioso vuelva a querer hacerlo. La sensación de insatisfacción constante nos lleva a vincular el hecho de estudiar con malestar. Nuestro cerebro huye de ese dolor para protegernos. Por eso, es importante crear nuevas asociaciones placenteras con nuestras metas. 

No estudiás mal porque te falte disciplina.
Muchas veces estudiás mal porque estás emocionalmente desbordada.

Y esto no es un problema individual: es una realidad neurobiológica.

Aprender —para madres, cuidadores y estudiantes en general— no empieza con el cuaderno abierto, sino con un sistema nervioso mínimamente regulado.


Referencias (selección)

  • Damasio, A. (1994). Descartes’ Error.

  • McEwen, B. (1998, 2007). Stress and neuroplasticity.

  • Sweller, J. (1988). Cognitive Load Theory.

  • Gross, J. (1998, 2015). Emotion regulation.

  • Pekrun, R. et al. (2002, 2011). Academic emotions.

  • Lieberman, M. et al. (2007). Affect labeling and emotion regulation.

  • Yerkes, R., & Dodson, J. (1908).


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